restaurante portomarin
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Viven en aguas dulces, aguas marinas y aguas salobres. La anguila es catádroma, es decir, emigra para desovar del agua dulce al mar, al revés que el salmón que es anádromo. Tras nacer, las hembras emigran a los ríos y los machos se quedan en las desembocaduras de los mismos. Los alevines, llamados angulas realizan largas migraciones para reproducirse.

 

La anguila posee una carne sabrosa y gelatinosa. Su carne ha sido apreciada desde la antigüedad. Hoy en día alcanza precios astronómicos debido a su escasez provocada por los embalses que tienen nuestros ríos. En la cocina alemana existen diferentes variedades de sopa de anguila según la variedad y región, siendo la más conocida la Hamburger Aalsuppe (Hamburgo).

En Japón es muy preciada y se prepara asada a la parrilla y cubierta con salsa dulce. Se confeccionan también galletas y pasteles, y en el verano de 2008, se ha lanzado una bebida gaseosa, de color amarillo, con extractos de cabeza y huesos de anguila.

En la Albufera de Valencia, la anguila es muy apreciada y empleada para preparar el all i pebre de anguiles (anguilas con salsa de ajo y pimienta).

 

 

Fritas, estofadas o en empanada. El manjar al que los griegos de la antigüedad rendían culto culinario, se ha convertido en un lujo (una ración de 12 anguilas llega a costar 30 euros en un restaurante) y también en reto para la ciencia. Se trata de un pez peculiar, que vive y crece en el río, y se reproduce en aguas saladas. Cuando las hembras están listas -entonces miden entre 60 y 80 centímetros y pesan entre 400 gramos y un kilo- comienzan a bajar por los ríos hacia el mar. Llenas de grasa para aguantar el largo viaje transoceánico que les espera. Más de 5.000 kilómetros hasta el mar de los Sargazos, y en total ayuno. Un misterio. Lo único cierto es que, durante el año y medio o los dos años que dura la travesía, su aparato digestivo se atrofia. No prueban bocado.

Antes de partir en otoño, cuando los ríos tienen más caudal, las anguilas se entrenan para afrontar el largo periplo oceánico. Pasan unos días en las desembocaduras y estuarios adaptándose a la salinidad marina. Su destino: el Mar de los Sargazos. Allí, entre el triángulo de las Bermudas, escenario de inexplicables desapariciones de barcos y aviones, y Puerto Rico, las anguilas ponen sus huevos. Entre siete millones y 20 millones por hembra."Lo hacen", explica Carmen Morales,"a unos 600 metros de la superficie, sin tocar el fondo. ¿Cuántos sobreviven? Es otro misterio".

Veinticuatro horas después de la puesta se produce de nuevo el milagro: millones de larvas eclosionan. Una semana más tarde, con los cuerpos aplanados como si fueran hojas de sauce, emprenden el viaje de regreso a los ríos de Europa. Llegan convertidas en preciadas angulas. Entre 700 y 1.000 euros el kilo. Las que logren escapar seguirán creciendo en los cauces hasta convertirse en anguilas. Y allí, en la ría de Vigo, estará Antonio con sus nasas para atraparlas."O con el barco en el muelle. Pues si la anguila va a peor, habrá que comer de otra cosa. ¿De qué? No lo sé", dice el pescador. El lo fía todo al clima y a las tormentas. Sabe que sus ganancias dependen de que las aguas bajen revueltas.

 

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